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Los accidentes de tráfico causan el 40% de las lesiones faciales que se atienden en España

Los traumatismos faciales más prevalentes son, dependiendo de la zona geográfica, los originados en accidentes del tráfico, agresiones, caídas fortuitas y laborales, según ha puesto de manifiesto hoy el doctor Gregorio Sánchez Aniceto, Vicesecretario de la Sociedad Española de Cirugía Oral y Maxilofacial y Profesor Asociado de Cirugía por la Universidad Complutense de Madrid, Hospital Universitario 12 de Octubre, durante el XVIII Congreso Nacional de Cirugía Oral y Maxilofacial que se está celebrando en A Coruña.

De hecho, continúa explicando el doctor Sánchez Aniceto, el 40% de los traumatismos faciales que se atienden en las consultas de Cirugía Oral y Maxilofacial corresponden a lesiones derivadas de accidentes de tráfico. Hasta hace pocos años la causa más frecuente de traumatismos faciales eran los accidentes de tráfico. Desde la implantación del uso obligatorio del casco en motocicletas y del cinturón de seguridad en coches, la incidencia de traumatismos faciales por esta causa ha descendido notablemente. Sin embargo se ha producido un incremento importante de accidentes deportivos y agresiones como causas de esta patología.

Entre estos traumatismos faciales, tienen un peor pronóstico, es decir, evolucionan con mayor dificultad, aquellos que se asocian a traumatismos de alta energía que se ha liberado en el impacto como las precipitaciones (caídas de gran altura), accidentes de tráfico, y especialmente aquellos con lesiones graves de partes blandas asociadas a las fracturas como las encontradas en las heridas por arma de fuego.

Según explica el doctor Sánchez Aniceto, "los traumatismos faciales representan una patología con características especiales y diferentes de aquellos otros traumatismos o fracturas que pueden afectar al resto del organismo. Las fracturas de los huesos de la cara ocasionan problemas tanto desde el punto de vista estético como funcional. La fractura del maxilar superior o de la mandíbula ocasiona una alteración entre la relación de los dientes superiores e inferiores (alteración de la oclusión dentaria) que puede acarrear serias complicaciones (dificultad para la masticación, dolores, problemas en la articulación temporo-mandibular...) si no se realiza una perfecta reducción y estabilización de la fractura".

Las fracturas de los huesos de la cara, además, pueden ocasionar problemas en la visión, en el olfato, así como una secuela estética que se hace más evidente por estar en una zona tan expuesta y de relación social como es la cara. Por poner algunos ejemplos, en los accidentes de automóvil, la cara golpea contra algún elemento del vehículo (salpicadero, chasis, volante, etc.) o contra otro ocupante (sobre todo si se estaba sentado en los asientos traseros). En las caídas fortuitas, la cara golpea el suelo, y en las agresiones, un puño u otro objeto es que impacta contra el rostro. En los accidentes laborales es relativamente frecuente que un objeto en movimiento golpee la cara. En los traumatismos faciales, la deceleración brusca de la cara contra el objeto (o viceversa) libera una energía que produce la dislaceración tisular (heridas) y la rotura de algún hueso del esqueleto facial subyacente al impacto (fracturas faciales).

Reconstrucción microquirúgica y prótesis óseas

La mayor parte de pacientes con traumatismos faciales severos (aquellos que nosotros denominamos como de "alta energía") como los originados en accidentes de tráfico (automóvil, motocicleta, bicicleta, atropellos), precipitaciones y caídas de cierta altura acuden a los servicios de urgencias de los hospitales, donde el cirujano maxilofacial trabaja en equipo con otros médicos en su atención : son frecuentemente pacientes con diversas lesiones asociadas al traumatismo facial como trauma craneal, ortopédico, torácico o abdominal y se les denomina "politraumatizados". Estos pacientes presentan todo tipo de heridas y fracturas faciales de "alta" y "media" energía (mandibulares, orbitarias, del maxilar superior).

Los pacientes que han sufrido un traumatismo de menor entidad (caídas fortuitas, accidentes deportivos, etc.) generalmente presentan heridas faciales leves y fracturas de baja energía (nasales, del hueso malar, del cóndilo mandibular, etc.). Generalmente, el tratamiento de dichas lesiones, se resuelve con la reparación de las heridas y las fracturas en un solo tiempo quirúrgico. Sutura cuidadosa de las partes blandas, con reconstrucción microquirúrgica de nervios y estructuras "nobles" afectadas, y reducción anatómica y fijación de las fracturas faciales reconstruyendo tridimensionalmente el esqueleto facial y simultáneamente reubicando las partes blandas. Las incisiones utilizadas para reparar estas fracturas están generalmente escondidas, fuera de la piel facial: en la boca, en la conjuntiva, o en el pelo. Los fragmentos óseos de las fracturas se unen mediante diversos sistemas de microosteosíntesis con placas y tornillos de titanio o materiales reabsorbibles de pequeño tamaño. En cuanto a las medidas de prevención que apunta este experto, destacan: los límites de velocidad, así como el empleo del cinturón de seguridad asociado a la mayor dotación de elementos de seguridad del automóvil, disminuyen la incidencia y gravedad de traumatismos faciales en accidente de automóvil. Lo mismo ocurre con el empleo del casco por parte de los motoristas, ciclistas y otros deportistas. La educación de los miembros de nuestra sociedad previene la violencia y disminuye la incidencia de agresiones, por desgracia cada vez más frecuentes en nuestro medio.

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